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EL DIVORCIO

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Se presentan ante el juez una pareja con sus respectivos abogados, ya que están en trámites de divorcio. El abogado de la mujer reclama para la mujer el 50% de la venta de la casa, propiedad de los dos cónyuges, así como una pensión de por vida por la cantidad de $500 dólares, que según enumera, será para cubrir los gastos de electricidad, teléfono, y una pequeña lista de gastos mensuales. El abogado del hombre protesta, alegando que el hombre no tiene ninguna obligación hacia su mujer toda vez que ya los hijos son mayores de edad, está casados y que ella bien puede ir a trabajar y mantenerse por sí misma y que ella nunca contribuyó a la manutención de esa casa, ni aportó ningún dinero para la compra de la misma. El juez escucha ambas partes y se queda indeciso por un momento leyendo los documentos. De pronto, se escucha a la mujer llorando y el juez le dice: - ¿Qué le pasa señora? - Señor Juez, yo creo que es cierto. Así que voy a aceptar la sentencia de divorcio sin ninguna obli...

EL BARRO

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Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul. Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana. Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial. Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado en el suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá: -  ¿Ves,, mamá, lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó y lo dejó tirado en el suelo. Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo: - Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu v...

LA MALETA

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Un hombre murió.. Se le acercó Dios, que llevaba una maleta consigo, y le dijo: Traes mis talentos? - Hijo, es hora de irnos. El hombre, asombrado, preguntó: - ¿Ya? ¿Tan pronto? Tenía muchos planes… - Lo siento, pero es el momento de tu partida. - ¿Qué llevas en la maleta? - preguntó el hombre. - Tus pertenencias - contestó Dios. - ¿Mis pertenencias? ¿Tras mis cosas, mi ropa, mi dinero? Dios le respondió: - Eso nunca te perteneció, eran de la tierra. - ¿Traes mis recuerdos? - Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo. - ¿Traes mis talentos? - Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias. - ¿Traes a mis amigos, a mis familiares? - Lo siento, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino. - ¿Traes a mi mujer, a mis hijos? - Ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón. - ¿Traes mi cuerpo? - Nunca te perteneció, ese era del polvo. - Entonces, ¿traes mi alma? - No, esa es mía. Entonces el hombre, lleno de miedo, le arrebató a Dios la maleta y, al abrirla, se dio cuenta d...

EL AIRE

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Una vez había una gran fiesta en un pueblo. Toda la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, donde estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda uno pudiera imaginarse. Los niños eran quienes gozaban con aquellos festejos populares. Había venido de lejos todo un Circo, con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores que les hacían hacer pruebas y cabriolas. También se habían acercado al pueblo toda la clase de vendedores, que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí los euros que sus padres les habían regalado. Entre todas estas personas había un vendedor de globos. Los tenía de todos los colores y formas. Había algunos que se distinguían por sus tamaños. Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los globos eran originales y ninguno se parecía al otro. Sin embargo, eran pocas las personas qu...

EL CAFÉ

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Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas: - Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pendientes". Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:  - ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”? Me dicen: - Espera y verás. Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés, pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés: - Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”. Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:  - ¿Tienen algún "café pendiente"? (Esto es una iniciativa real a la que puedes unirte: http://cafespendientes.es/

LA MAMÁ

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En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro: -¿Tú crees en la vida después del parto? - Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde. - ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida? - No lo sé pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca. - ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto. - Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí. - Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la osc...

EL SALUDO

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Juan trabajaba en una planta distribuidora de carne. Un día, terminando su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar algo; en ese momento se cerró la puerta, se bajó el seguro y quedó atrapado dentro. Aunque golpeó la puerta fuertemente y comenzó a gritar, nadie pudo escucharlo. La mayoría de los trabajadores habían partido a sus casas, y fuera del refrigerador era imposible escuchar lo que ocurría dentro. Cinco horas después, y al borde de la muerte, alguien abrió la puerta. Era el guardia de seguridad que entró y lo rescato. Juan preguntó a su salvador como se le ocurrió abrir esa puerta si no era parte de su rutina de trabajo, y él le explicó: - Llevo trabajando en ésta empresa 35 años; cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero tú eres el único que me saluda en la mañana y se despide de mí en las tardes. El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible. Hoy, como todos los días, me dijiste tu simple "Hola...