EL ORGANISTA
Se había organizado un concierto en una célebre y antigua iglesia. Se había contratado a un organista célebre. El auditorio estaba entusiasmado con su música. En el intermedio el organista dio un pequeño paseo entre bambalinas y fue felicitado por un anciano caballero. El buen hombre, que manejaba el fuelle del órgano le dijo: - ¡Vaya concierto más soberbio el que estamos dando esta noche! El célebre organista quedó un tanto estupefacto: - ¿Cómo dice usted "estamos", amigo? ¿No soy yo el que está dando el concierto? A continuación, volvió al escenario. Aplicó sus manos al teclado para atacar la segunda parte del concierto, pero no salió ningún sonido. Corrió a la parte trasera del órgano. El viejo sonrió tranquilo. El músico le dijo: - Tenía usted razón, "estamos" dando un concierto. Volvió al órgano y, cuando puso sus manos sobre las techas, ¡esta vez cobraron vida!