EL FUNAMBULISTA



Era un cañón muy profundo, a través de su abertura de 70 metros, habían tendido un cable delgado y resistente. Un valeroso funambulista atravesó el cañón caminando sobre el alambre, que se balanceaba, siendo calurosamente aplaudido por la multitud. 
Volvió a hacerlo, pero con los ojos vendados. La multitud aplaudió con más entusiasmo aún. Por último, cruzó con una carretilla llena de arena. En cuanto sus pies pisaron tierra, el público, antes aterrado, lo aclamó con locura.
- Usted puede hacer cualquier cosa sobre el cable - le dijo un joven - No he conocido nadie como usted. 
El funambulista se puso a vaciar de arena la carretilla.
- Entonces, ¿confías en mi habilidad?
- Totalmente. Es lo mejor que he visto.
- Muy bien - le dijo el funambulista - Volveré a cruzar una vez más, pero esta vez llevándote a ti en la carretilla.
Repentinamente, el joven perdió toda su confianza.

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