EL PIANO

Había una vez, en un país muy lejano, un niño llamado Igacio que estaba triste porque a su piano le faltaba una nota.

- ¡Qué pena, por Dios! Tiene todas las notas menos el Re.

Cada día levantábase llorando por la ausencia de esa nota.

- ¡Ojalá tuviera el Re que me falta! Con ese Re yo podría componer magníficas sonatas.

Su padre díjole en cierta ocasión:

- Hijo mío, ¿tanto te hace sufrir que a tu piano le falte un Re?

- Mucho me hace sufrir, papá, porque si falta una nota no se pueden componer magníficas sonatas. Yo compondría todo lo del mundo si a este maldito piano no le faltara esa nota - le contestó Ignacio.

Y así era la vida de Ignacio, siempre triste, siempre avatido por la ausencia de ese Re.

- ¡Madre mía! La de músicas estupendas y geniales que yo compondría si alguien me regalara ese Re.

Y un día de principios del mes de enero al papá de Ignacio ocurriósele una gran idea: le pediría ese Re a los Reyes Magos.

- ¡Claro, cómo no se me habrá ocurrido antes!

El papá de nuestro amigo pasó la noche de reyes nervioso, pensando en las magníficas composiciones que crearía su hijo al día siguiente. Levantóse por la mañana y despertó a Ignacio.

- Vamos, levántate, hijo.

Y en medio del salón el niño vio una maravillosa tecla, el Re que tanto había deseado.

- ¡Hijo mío, los Reyes te han traído el Re que te faltaba! ¿Estás contento?

Y el pequeño Ignacio respondió:

- No, papá, no estoy contento.

- Pero, ¿por qué, hijo mío?

- Es el peor regalo que podrían haberme traído los Reyes, porque ahora ya no tengo ningua excusa para no componer sonatas magníficas.

                                                                          (Juan Carlos Ortega: Cuentos para Ulises en RNE)

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