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Mostrando entradas de julio, 2012

EL RELOJ

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EL RÍO

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"Un río nunca pasa dos veces por el mismo lugar", dice un filósofo. "La vida es como un río," dice otro filósofo, y llegamos a la conclusión de que esta es la metáfora más aproximada al sentido de la vida. En consecuencia, será bueno recordarlo a lo largo de todo el año que viene:
A] Siempre estamos ante la primera vez. Al recorrer el camino que va desde nuestro manantial (o nacimiento) a nuestro destino (muerte), los paisajes son siempre nuevos. Debemos encarar todas estas novedades con alegría, y no con miedo, porque de nada sirve temer lo que no se puede evitar. Un río no deja nunca de correr.
B] En un valle, andamos más despacio. Cuando todo a nuestro alrededor se vuelve más fácil, las aguas se calman, nos volvemos más amplios, más largos, más generosos.
C] Nuestras márgenes son siempre fértiles. La vegetación sólo nace donde existe agua. Aquél que entra en contacto con nosotros, debe entender que estamos allí para dar de beber a quien tiene sed.
D] …

LA VENTANA

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Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación del hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde durante una hora para ayudarle a drenar el líquido que tenía retenido en sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro no tenía más remedio que permanecer tumbado, conla cabeza hacia arriba.

Los dos hombres charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres, sus familias, sus hogares, sus trabajos,... Y cada tarde, cuando el hombre de la cama podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino lo que podía ver desde la ventana.

Le contaba que la ventana daba a un parque con un precioso lago con patos y cisnes, mientras los niños jugaban con sus cometas, los joven enamorados paseaban cogidos de la mano,...Mientras él describía esto con detalle, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e intentaba imaginárselo.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera entró para bañarles encontrando el cuerpo sin vida…

EL RETRATO

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Érase una vez un hombre extraordinariamente rico que poseían una gran colección de obras de arte. La colección, que incluía algunas de las más destacadas obras de los grandes maestros, tenía un valor incalculable.

El dueño de la colección compartía la pasión del arte con su hijo, a quien quería con locura.

Un día estalló la guerra y el hijo fue llamado a filas. Al cabo de unas semanas, el hombre recibió un telegrama urgente en el que se le comunicaba que su hijo había muerto en combate. Destrozado, lloró la muerte de su hijo en soledad y en silencio. Era como si su tristeza no conociera límites.

Varios meses después, alguien tocó a la puerta del coleccionista. Al abrir, se encontró con un hombre joven que llevaba un pequeño paquete debajo del brazo.

- Usted no me conoce - le dijo el joven -. Yo era amigo de su hijo. Estábamos destinados en la misma unidad y estuve con él cuando murió. Su hijo se jugó la vida por salvarme el pellejo... La verdad es que su hijo salvó mu…