EL PEZ

Un pez fue arrojado a la playa por una fuerte ola. Por más que lo intentó, no pudo volver al agua. Desesperadamente se puso a pedir ayuda:

- Por favor, ayúdenme. Me falta la respiración. Por favor, que alguien me devuelva al agua.

Pasaba por allí un hombre rico que oyó los gritos del pez:

- Me gustaría ayudarte -dijo- pero voy al banco y ando mal de tiempo. Lo siento, te ruego que me perdones.

El pez siguió haciendo esfuerzos y gritando, hasta que atrajo la atención de un turista que pasaba por allí:

- Me gustaría ayudarte, pero no sé cómo hacerlo. ¡Si al menos tuviera algo para empujarte hacia el mar! Pero no llevo nada. Estoy de vacaciones, ¿sabes?

- Use un palo o una rama, o sencillamente cójame en la mano. Por favor, se lo ruego, devuélvame al mar.
- Supongo que podría hacerlo -le contestó, perplejo, el turista- pero, pensándolo bien, quizá será mejor que te ayudes a ti mismo. Estoy seguro de que encontrarás el modo de arreglártelas, si lo intentas. Después de todo, el que la sigue, la consigue.
El turista sacó una foto del pez moribundo y se fue.
Una mujer que pasaba por allí oyó los gritos del pez. Él pidió que le ayudara:
- Me estoy muriendo; por favor, devuélveme al agua. Por favor, deprisa. No sobreviviré mucho más.
La mujer le miró compasiva, pero dijo:
- Antes de ayudarte, necesito conocer tu caso. Dime todo lo que ha pasado para que te encuentres en esta situación.

El pez se lo contó todo sobre él, su familia, su vida pasada, sus intereses y sus creencias. La mujer escuchó atentamente y dijo:

- Antes de devolverte al mar quiero que reflexiones cuidadosamente primero sobre cómo has llegado a encontrarte aquí. Has de estar seguro de que, una vez que te devuelva al mar, nunca volverás a ponerte en esta situación.

Para entonces, el pez había muerto. La mujer meneó la cabeza y se fue.

Pasó por allí un anciano y vio el pez muerto.

- Qué cruel es el mar -dijo indiferente- De nada sirve preocuparse por el pez porque qué se puede hacer. Así es la vida. No es culpa de nadie.

La playa quedó en silencio y desierta un buen rato. Creció la marea y una ola piadosa levantó el cuerpo del pez y lo devolvió al mar.

El turista volvió a pasar por allí, vio al pez en el agua y dijo:

- Lo ves, tenía yo razón. Cuando uno quiere ayudarse a sí mismo de veras, siempre hay un medio. Ese pez ha vuelto al mar.

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