EL VASO





El Maestro repetía una y otra vez a los novicios:

- Vaciaos, vaciaos.

Los muchachos, desconfiaban de tanta “vaciedad”.

Un día, les mandó traer a cada uno un vaso lleno de agua.

- Ahora vais a hacer algo muy simple. Golpead los vasos con cualquier objeto. Quiero escuchar el sonido, la música capaz de brotar de vuestros vasos.

Los novicios golpearon los vasos. De los mismos no brotó más que un feo sonido sordo y nada musical. Entonces el Maestro dijo:

- Ahora, vaciad los vasos y repetid la operación.

Así lo hicieron. Vaciados los vasos, golpearon en ellos y surgió un sonido vivo, intenso, musical. Los muchachos miraron al Maestro, y éste les dijo:
- Vaso lleno no suena, mente atiborrada no ilumina.

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