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Mostrando entradas de agosto, 2026

EL FUNAMBULISTA

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Era un cañón muy profundo, a través de su abertura de 70 metros, habían tendido un cable delgado y resistente. Un valeroso funambulista atravesó el cañón caminando sobre el alambre, que se balanceaba, siendo calurosamente aplaudido por la multitud.  Volvió a hacerlo, pero con los ojos vendados. La multitud aplaudió con más entusiasmo aún. Por último, cruzó con una carretilla llena de arena. En cuanto sus pies pisaron tierra, el público, antes aterrado, lo aclamó con locura. - Usted puede hacer cualquier cosa sobre el cable - le dijo un joven - No he conocido nadie como usted.  El funambulista se puso a vaciar de arena la carretilla. - Entonces, ¿confías en mi habilidad? - Totalmente. Es lo mejor que he visto. - Muy bien - le dijo el funambulista - Volveré a cruzar una vez más, pero esta vez llevándote a ti en la carretilla. Repentinamente, el joven perdió toda su confianza.

EL ORGANISTA

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  Se había organizado un concierto en una célebre y antigua iglesia. Se había contratado a un organista célebre. El auditorio estaba entusiasmado con su música. En el intermedio el organista dio un pequeño paseo entre bambalinas y fue felicitado por un anciano caballero. El buen hombre, que manejaba el fuelle del órgano le dijo: - ¡Vaya concierto más soberbio el que estamos dando esta noche! El célebre organista quedó un tanto estupefacto: - ¿Cómo dice usted "estamos", amigo? ¿No soy yo el que está dando el concierto?  A continuación, volvió al escenario. Aplicó sus manos al teclado para atacar la segunda parte del concierto, pero no salió ningún sonido. Corrió a la parte trasera del órgano. El viejo sonrió tranquilo. El músico le dijo: - Tenía usted razón, "estamos" dando un concierto. Volvió al órgano y, cuando puso sus manos sobre las techas, ¡esta vez cobraron vida!

EL GATITO

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Había un cartel en el escaparate que decía: "Se venden gatos". El hombre entró en la tienda y vio un gatito tomando leche de un cuenco que estaba en el suelo. Se dio cuenta enseguida de que el cuenco era de un valor extraordinario, una pieza única de porcelana. Entonces, le dijo al tendero:  - Me llevo este gatito, ¿le parece bien100 yens? El dueño estuvo de acuerdo, y entonces el comprador añadió: - De paso, para que el gatito siga bebiendo en su propio cuenco, me llevaré también el cuenco. Le dare 200 yens por todo. - ¡Oh, no! - dijo el tendero - Ese cuenco no tiene precio. - Pues entonces - dijo el comprador - ¿cómo permite usted que el gato beba de él, en el suelo? El hombre respondió con una sonrisa: - Es la manera que tengo de vender los gatos.