LA ARDILLA

Había una vez una selva habitada por toda clase de animales: fieras salvajes, graciosos monos, suaves ardillas, variados pájaros, y todos se llevaban bien. Entre todos, el rey era el león: arrogante, orgulloso y, a veces, despreciativo. Un día se acercó una tierna y sencilla ardilla al gran jefe león y le dijo:

- Ya que presumes tanto de fuerza, ¿por qué no entablamos mañana mismo una lucha?

El león, dentro de su orgullo, no pudo menos que reirse a mandíbula batiente, y le respondió sin ocultar su altanería:

- Si así lo deseas, ya tengo desayuno.

Al día siguiente, al despuntar el alba, los pájaros comenzaron a lanzar sus trinos, las aves vuelan, el resto de mamíferos se van reuniendo en el claro del bosque, donde el león y la ardilla habían acordado entablar la pelea. Algo importante va a ocurrir hoy, nadie deja de acudir a la cita.

Aparece el león, arrogante y altanero, con su preciosa melena, fuerte y desafiante; del otro lado del claro, pisando la suave y tierna hierba, la sencilla, pequeña y limpia ardilla.

A un graznido del cuervo todos los animales se ponen del lado de la ardilla, y el león se queda solo en la otra parte. Se adelanta la ardilla y le dice con sencillez, apoyada en su tono por todo el gran coro del resto de animales:

- Amigo león, no puede más el que más fuerte es, sino el que más amigos tiene.

Y el león, humillado al ver aquello, se retiró y se ocultó en la selva, mientras se escuchaba un gran bullicio de cantos, mezclados con gritos y vivas a la sencilla y amiga ardilla, querida por todos los habitantes del entorno.

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