EL PARAGUAS

Los campos estaba secos por la falta de lluvia.
Las hojas pálidas colgaban de las ramas.
La hierba había desaparecido del prado.
La gente estaba nerviosa, mientras miraba al cielo, siempre azul.
Pasaban las semanas cada vez más ardientes.
Hacía meses que no caía u verdadero aguacero.

El párroco organizó una hora de oración en la plaza del pueblo, delante de la iglesia, para pedir la gracia de la lluvia. A la hora establecida, la plaza estaba llena de gente, ansiosa pero llena de esperanza. Muchos habían llevado objetos que testimoniaban su fe. El párroco miraba admirado las Biblias, las cruces, los rosarios,... Pero no podía apartar los ojos de una niña sentada en primera fila, sobre las rodillas tenía un paraguas.

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