EL ABRIGO MARRÓN





Cuca es una perrita que vive en la calle, libre como las mariposas o el viento, pero también vacía de caricias.

Cuca no se pierde nunca la ocasión de buscar en la bolsa de basura que sale de la tercera puerta de su calle; sabe que siempre esconde algún pedazo de carne pegado al hueso.
De vez en cuando tiene que discutir con un abrigo marrón que quiere revolver en la misma bolsa, aunque sin llegar a pelear en serio con él.

Cuca se ha fijado en un perro de hocico negro, mezcla de Fox Terrier y Collie. Es un perro muy atractivo que no deja de mirarla con ojos caídos pero enamorados.
Juntos recorren todo el barrio, se acercan al río, saltan alegres… acercan sus hocicos y, después del beso, vuelven a correr alegres.

Un día se despiden sin dejarse siquiera la dirección. Es que Cuca no tiene hogar fijo y al perro bonito no le permiten llevar a casa una perra callejera.
Los problemas comienzan cuando Cuca siente que pronto será mamá, y eso le preocupa muchísimo: ¡quiere que sus cachorros se críen sanos!

- «¡Hola!, ¿quieres venirte conmigo?». - De un abrigo marrón ha salido una mano que le acaricia el lomo. Nunca antes había sentido esa sensación agradable, y se asusta.

- «No te enfades, perrita, no quiero hacerte daño». - El abrigo marrón repite la caricia pero Cuca, que no está acostumbrada, huye.

Cuca pare siete deliciosos cachorros. Pantalones y faldas se acercan para observar y Cuca escucha ruidos de voces humanas:

- «Hay que quitárselos, no podemos llenar el barrio de perros abandonados».
- «Déjenlos por los menos unos días, para que mamen y no se mueran».
- «Podíamos quedarnos con las crías».
- «Yo no tengo por qué aguantarlos. Tendrían que llevársela de aquí».
- «Siempre nos sobra comida. Y no dejarían entrar ladrones al barrio».
­- «Le voy a bajar una taza de caldo, así se pondrá fuerte y tendrá rica leche».

Pronto comienzan los perrillos sus inocentes juegos. Cuca camina orgullosa con su camada. El más pillos sujeta una de sus patas para provocar un fingido enfado. Si consigue tirarla al suelo se lanzarán todos, traviesos, a su cuello, y comenzarán una amigable pelea.

Cuca está preocupada, va a llegar el invierno y sus hijos no pueden estar en la calle, no sobrevivirían. Se pasea por el barrio, saluda con el rabo a todos, y todos se fijan en los cachorros, pero ella sobra, es una perra de la calle y nadie la quiere.

Cuca desaparece sin dejar rastro.

- «Es muy raro que la perra haya abandonado a sus cachorros. Los animales no hacen eso­». – Comenta un pantalón azul a una falda amarilla.

Los cachorros echan de menos a su madre, se juntan como si fueran una pelota de pelos y lloran.
No faltan voluntarios que comienzan a llevárselos.
De lejos, escondida entre cartones, Cuca todo mientras la tristeza moja de sal sus ojos.

- «Hola. ¿Lo has pensado ya? ¿Quieres venirte conmigo?». – Es otra vez el abrigo marrón

Cuca se atreve, por fin, a levantar la mirada. ¿Qué más puede perder?
Del cuello del abrigo marrón sale una cabeza con cabellos rizados como los suyos, con una piel tan arrugada y morena como una uva pasa y con unos ojos afectuosos que piden compañía.

Cuca entiende el mensaje y lame aquellas manos que le acogen.
No volverán a sentirse solos.
Los dos, vagabundo y vagabunda, caminan hacia un futuro más solidario.


(De la serie de cuentos "Con Francisco a mi lado", de Scholas occurrentes

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