EL POLO DE LIMÓN


Hace tiempo, en medio del Océano había dos islas.
En la isla de Nordalia hacía ya tiempo que se habían talado todos sus árboles.
Muy cerca, en la bella Surata, el verde era el color que se veía por todos los sitios, ya que la vegetación seguía siendo frondosa y espléndida, y entre ella jugaban las niñas y los niños de la isla.
Una vez hicieron una reunión en la que los de Nordalia les propusieron un negocio a sus vecinos: venderles polos de limón natural.
Los polos de limón habían tenido mucho éxito en Nordalia, donde hacía mucho calor; pero los de Surata no estaban conformes: su isla estaba llena de sombra y la temperatura eran tan suaves que no necesitaban refrescarse: los polos de limón no les interesaban.

Al poco tiempo, una comitiva de publicistas de Nordalia llegó a Surata llevando miles de carteles donde una mujer en bikini anunciaba: "Polos de limón: sensación de libertad".
En esta ocasión en Surata no se negaron: no veían peligro alguno en permitir una campaña de publicidad.
Con el tiempo, los carteles de limón invadieron todos los lugares, y cualquier celebración que se hiciese (conciertos, carreras,…) estaba patrocinada por los Polos de Limón.
Algunas personas comenzaron a sentir curiosidad y querían probarlos pero, claro, en las tiendas no había Polos de Limón. Al final, acabaron por pedir que los trajesen de Nordalia.

Los políticos  y políticas de Nordalia hicieron otra reunión con los de Surata: darían dinero a los gobernantes de Surata a cambio de poder traerlos para su venta; pero había una condición: tendrían que talar muchos árboles de Surata para poder fabricar los palitos de los Polos de Limón, porque en Nordalia ya no tenían árboles.
Se llegó a un acuerdo y la tala de árboles convirtió las verdes zonas de bosque en lugares desérticos donde se apilaban los troncos para transportarlos a Nordalia, donde se fabricarían los palitos de los polos.

En Surata la gente se preocupó mucho porque estaban desapareciendo sus árboles. El gobierno les decía como excusa que arrancar árboles les proporcionaría un desarrollo y le vendría bien a la isla; pero la gente seguía protestando, manifestándose alrededor de los bosques, para impedir que los cortaran.
El gobierno, preocupado, pidió ayuda a Nordalia, que mandó a Surata fuerzas militares para quitar de en medio a esa gente que quería que su tierra siguiera tenido sombra de los árboles.
Muchas de esas personas fueron encarceladas y acusadas de terroristas por ir contra el bien de la isla, aunque lo único que hicieron fue rodear los árboles para que no los cortaran.

Pasado un tiempo, una quinta expedición llegó a Surata. Un grupo de economistas había hecho un estudio que aseguraba que para hacer más Polos de limón no era suficiente con la cantidad de árboles que se habían talado, y que deberían arrancar más: tendrían que quitar tres de cuatro árboles que había en Surata. Así, también podrían plantar limoneros que dieran frutos para llevarlos a Nordalia y poder seguir fabricando Polos de limón.
Esto fue muy importante, porque así prácticamente se acabó con la sombra de la isla.
De paso, el presidente del gobierno recibió una nueva y suculenta cantidad de dinero por cambiar sus árboles "inútiles" por campos de limoneros.

Al cabo de un tiempo en Surata, sin la sombra de sus árboles, comenzaron a subir las temperaturas, y cada vez más gente compraba los Polos de Limón para combatir la sed.
La sequía avanzaba, y la poco agua que quedaba se destinaba a cuidar los campos de limoneros. Los otros cultivos y los animales comenzaban a morirse por falta de agua.
Pero lo peor llegó poco después: un huracán gigantesco, aprovechando que no existía la oposición de los árboles que impedían que el viento pasara a gran velocidad, arrasó la isla.
Lo que en tiempos anteriores podría haber sido una simple tormenta, ahora se había convertido en un huracán que destruyó edificios y sembrados.
Llegó la ayuda humanitaria desde Nordalia, es decir: les prestarían dinero a Surata si se comprometía a comprarles más Polos de Limón. Así, al menos, la gente podría refrescarse y olvidarse por un momento de sus problemas.
Surata debería, con el tiempo, devolver todo lo prestado y un poco más, porque tampoco Nordalia podía ir regalando, así como así, su dinero.
En Surata se necesitaba construir hospitales, escuelas, mercados,… y cada vez se necesitaba más dinero. Y así, poco a poco, fueron aumentando mucho la deuda que tenían con Nordalia, la situación era cada vez peor.
Muchos en Surata construyeron barcas y pudieron escapar a Nordalia. Pero a muchos cuando llegaron no les dejaron entrar, acusándoles de inmigrantes ilegales; tuvieron que regresar a su casa, a vivir en un país que ya no tenía árboles, sometido a los huracanes, y sin dinero.

Hace mucho tiempo, en la bella Surata, el verde era el color que se veía por todos los sitios, ya que la vegetación seguía siendo frondosa y espléndida, y entre ella jugaban las niñas y los niños de la isla, todos eran felices.
                                                                                (Original de CALA centro aleternativo de aprendizajes)

Comentarios

  1. no esta mal es un pco pa mayores porque a mi no me interesan los pliticon ni las mier... esas

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